26 agosto 2013

Bicicletas en Amsterdam















Fixie
Bicicletas de segunda mano

Delante una caja, detrás un carrito de bebé.
En MAX  EUWEPLEIN (Plaza de Max Euwe)

Amsterdam es conocida por el elevado número de personas que se mueven a diario en bicicleta, una cifra que se ha incrementado un 40% en los últimos 20 años, lo que supone que más del 30% de los trayectos que se realizan en la ciudad son a pedales. Según estimaciones del Gobierno, Amsterdam tiene aproximadamente 880.000 bicicletas para 800.000 habitantes. Cuatro veces el número de coches. Los ciudadanos prefieren este medio porque se mueven más rápido que en tranvía o coche. Y en nuestro reciente viaje pudimos ver a gentes de todas las edades pedaleando, la mayoría sobre la típica bicicleta holandesa, pero muchos otros con bicis de carga y transporte (con dos o tres ruedas) o en fixies de últimos diseño, completando un catálogo de modelos verdaderamente extenso y extrordinario que incluyen una amplio abanico de bicis eminentemente urbanas.

Pero esto conlleva algunos incovenientes, el principal es el problema de estacionamiento (el 10% del espacio público está bloqueado por bicis) y que supone, además, una excesiva "contaminación visual" y acrecienta las dificultades de movilidad para los peatones en muchos lugares, la ciudad tiene un amplio centro histórico para descubrir a pie, dado que encontramos bicis estacionadas en cualquier sitio y muchas bicis en estado de abandono o directamente inservibles, ocupando gran parte de la vía pública.

13 agosto 2013

Marie Curie

"En julio de 1895, un año después de conocerse, Pierre y Marie Curie se casaron en París por lo civil; con el dinero que les regalaron en la boda compraron dos bicicletas y su luna de miel consistió en irse pedaleando por media Francia."

Pierre y Marie, en 1895

"Ahora me pregunto cómo llevaría Marie la enferemedad. El decaimiento físico, la rápida decrepitud de su cuerpo. Ella, que había sido esa polaca robusta y fortísima que lo aguantaba todo. Esa mujer deportista capaz de pasarse un mes pedaleando por las montañas de Francia. ¿Cuándo sería la última vez que se subió a una bicicleta? Sé que, ya viuda, seguía saliendo en bici junto a sus hijas. Ève habla en su libro de lo mucho que le gustaba a Marie el ejercicio físico y dice que se enorgullecía de estar delgada y ágil; ya cumplidos los cincuenta, aprendió a patinar, a esquiar, a nadar."

De La rídicula idea de no volver a verte. Rosa Montero
Seix Barral / Biblioteca Breve. 2013

09 agosto 2013

La ruta Joyce





La ruta Joyce, última novela gráfica publicada por Alfonso Zapico, es un cuaderno de viaje donde va relatando su proceso de documentación para la realización de Dublinés, en el que, con tono desenfadado y fluido, el autor, caracterizado bajo apariencia quijotesca, y a veces en compañía de su mujer, nos cuenta las peripecias que va teniendo en sus visitas a Dublín, Trieste, París y Zurich, las cuatro ciudades más importantes en el periplo vital y creativo del escritor irlandés. Los relatos de esos viajes, contados con jugosos y divertidos apuntes, constituyen la columna vertebral del libro.

Además encontramos otros capítulos interesantes, como el de su paso por Bilbao, para participar en un congreso sobre Joyce en la Universidad de Deusto y del divertido encuentro con su editor. O los dedicados a su paso por la Maisondes Auteurs de Angoulême, donde residió durante dos periodos trabajando en Dublinés, conviviendo y enriqueciéndose con la cercanía de otros autores como Clara-Tanit, Lola Lorente, Jung-Hyuun-Lee, Freddy Nadolny, Thomas Gosselin, François Henningen, Giovanna Lopalco, Martín Romero o Álvaro Ortiz.

En este itinerario personal en busca de las huellas de Joyce el autor nos muestra su visión y su desencanto con esta nueva Europa, en la que el turismo pasa por encima de la cultura, en la que durante su búsqueda tendrá sorpresas y decepciones, cuando pasado y presente se enfrentan en tan bellas y dispares urbes, comprobando que Joyce no está en ninguna, que ya sólo se encuentra en sus libros.

Momentos pasados en librerías y bibliotecas, museos, bares y pubs y también en habitaciones de hotel. O sus encuentros y comidas con amigos, contados a través de sus viñetas de amena lectura, e incluyendo también reflexiones sobre el acto creativo y de cómo este depende en gran medida del escenario en el que surge.






08 agosto 2013

Absolución

Un libro me lleva a otro y tras la lectura del relato "Una visión fugaz" de Luis Landero, el primero de los incluidos en 10 bicicletas para 30 sonámbulos,  se me "apareció" su última novela una mañana en la Biblioteca, cuando preguntaba por otro título.

La novela habla de la realidad ilusoria, del teatro del mundo, de los misterios del corazón, del conflicto del existir. Contigencia, algo que puede suceder o no, es la palabra clave del  libro.
Lino, el protagonista de Absolución, es un nómada de la cotidianeidad, un insatisfecho crónico, atrapado entre la telaraña del tedio y la de la frustración. Aunque el libro comienza con un momento de suprema felicidad, con su protagonista a punto de casarse y entrar en una vida de confort y amor que le alejará de la molicie existencial que le había aprisionado hasta entonces, luego pasa lo que pasa en los cuentos, que la placidez se disipa con los monstruos y Lino se hace plenamente merecedor de la frase de Pascal, que Landero usó de fuerza motriz de la narración: “Todos los infortunios del hombre vienen de no saber estarse quieto en un lugar”.

Es una historia a la vez jocosa y amarga, que en su superficie presenta una amplia nómina de personajes singulares y una generosa porción de curiosas anécdotas. Además de Lino otros personajes, sobre todo hombres, destacan en la narración, dejándonos una marcada huella, caso de su padre, de don Gregory, del señor Levín, el agente comercial Gálvez o el granjero Olmedo, y también los personajes femeninos, menos desarrollados, su prometida Clara y Paula, la fugitiva enamorada del señor Levin. Y no olvidemos a Comediante, un extraordinario perro.
El lector se verá reflejado y repasará su biografía, extrayendo de la memoria los episodios que marcan la vida para bien o para mal, aquellos momentos en los que avanzamos o retrocedemos, instantes de ilusión, de rebelión, de conformismo, de huida, que van jalonando nuestro camino a lo largo del tiempo.

Pregunta. Para que Lino sea feliz, tiene que hacer infeliz a los demás. Para hacer felices a los demás, Lino ha de renunciar a su propia felicidad. ¿No es algo cruel?
Luis Landero. Bueno, es una de esas situaciones insolubles que se dan en la vida. Una novela se hace, entre otras cosas, con un conflicto, y tú has explicado muy bien ese conflicto. Lino no encuentra su lugar en el mundo, y en su huida va dejando alguna que otra víctima a su paso. Sí, algo trágico en eso.

En palabras de Juan Cruz, "Landero es como Velázquez y Cervantes, decide siempre habitar en su propia obra, y en algún momento de la historia está su propia autobiografía, o la biografía de los suyos, esperándole; a veces es su padre (aquí también está), pero en esta ocasión domina la escena de su ficción la lejana historia de un tío suyo que parecía rico, aunque vivía en una pensión confortable de Madrid, y que decidió ser feliz en Nueva York. Lino, que es su trasunto, se va a Australia, a cumplir el sueño que, como parece natural, halla el hielo de la derrota en un momento determinado del decurso de su empecinamiento utópico".


Esta novela fue incluida entre los mejores libros de 2012 por los críticos y redactores de Babelia, la revista cultural de El País.

29 julio 2013

HELDEN VAN DE TOUR

En nuestro reciente viaje a Amsterdam, dando una vuelta por el mercado de libros de los viernes de la plaza Spui, tuve ocasión de ojear un estupendo libro sobre la París-Roubaix, con fotografías increíbles y, aunque estuve tentado de comprarlo, allí se quedó muy a mi pesar. 




Días más tarde, en la librería de los grandes almacenes De Bijenkorf, en la Plaza Dam, encontré algunos títulos de actualidad dedicados al Tour de Francia con motivo de su edición número 100, de entre todos elegí este fantastico título (Los heroes del Tour) del ilustrador y autor de comic Jan Cleijne (1977) y después de ojearlo ya no pude resistirme y me lo traje para casa.

Es un cómic de 144 páginas, escrito en holandés, con muchas imágenes y poco texto, en el que autor trabajó durante un año. No es coincidencia que el libro se publique ahora, justo en el centenario del Tour de Francia, ya que sus diez capítulos son un  homenaje a los ganadores y los perdedores que dejaron su nombre en la historia de la competición ciclista más importante y famosa.  
Por allí pedalean los héroes conocidos y desconocidos de la historia del ciclismo, ciclistas como Lucien Buysse, Fausto Coppi, Wim van Est, Jacques AnquetilEddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. A lo largo de sus página se ilustran, con un buen ojo para el detalle y sentido del drama, con enfoques muy cinematográficos, los mejores momentos de las ediciones más significadas de la prueba, pero también los fracasos, los dramas y las tragedias de un siglo de historia de la prueba reina del deporte del pedal, sin olvidar los casos de dopaje, como el último que protagonizó Lance Armstrong.


En la Web del autor JAN CLEIJNE teneis ocasión de disfrutar de algunas de sus maravillosas páginas.


Eddy Merckx "El Canibal" (portada)
La caída de Wim Van Est, (página 61)

Miguel Indurain en contrareloj (contraportada)

28 julio 2013

Diez bicicletas para treinta sonámbulos

Creo recordar que este libro lo vi por primera vez en el telediario, en una crónica que Carlos del Amor hizo de la Feria del Libro de Madrid y anoté el título en un papel para no olvidarlo. Pasadas unas semanas, mi amiga CGS me lo ha regalado. ¡Muito obrigado, Carmen!

David Villanueva es el editor que del sello independiente DEMIPAGE y para celebrar el décimo aniversario de la editorial ha publicado Diez bicicletas para treinta sonámbulos en homenaje a sus lectores, invitando a treinta autores del escenario literario español a realizar treinta textos inéditos, donde la bicicleta, logotipo de la editorial, es el objeto recurrente que aparece en todas las historias. 



En el prólogo Eloy Tizón escribe "La bicicleta es un vehículo movido por el deseo, cuyo motor son los sueños. Lo que impulsa a la bicicleta son las ganas de montar en bicicleta, y nada más."

David Villanueva... ha congregado a una treintena de compiches ("sonámbulos" los llama él) y los ha invitado a empreder una vuelta ciclista completa alrededor de su cuarto o alrededor de un timbrazo.
El resultado es este volumen ecléctico que resulta ser un libro reconvertido en velódromo, en el que se suceden una compleja variedad de historias acerca de
bicicletas robadas (¿y cómo contárselo a las tías?)
bicicletas atropellladas,
bicicletas filosóficas, 
bicicletas africanas,
bicicletas que viajan en el tiempo,
bicicletas suicidas,
bicicletas enamoradas (o todo lo contrario)
bicicletas urbanas y bicicletas rurales,
bicicletas pugilísticas,
bicicletas con ruedines y sin ruedines...
Y muchas otras más. En total, dies años de narraciones, y así hasta la próxima rueda

El libro arranca con un hermoso relato de Luis Landero, y le siguen otros de reconocidos autores como Antonio Muñoz Molina, José Ovejero, Andrés Neuman, José María Merino, Fernando Aramburu, Felipe Benítez Reyes, ... y otros no tanto, formando un pelotón destacado de relatos destinados a los amantes de la buena literatura. 
Vaya pedaleando o a pie, a la librería o a la biblioteca, o que se lo preste un amigo, pero no se lo pierda.

25 julio 2013

Cultura Ciclista


Gracias a la iniciativa y el esfuerzo de Bernat López, que uniendo sus dos pasiones, libros + ciclismo, en 2012 dió un verdadero salto mortal de crear CULTURA CICLISTA una editorial especializada en ciclismo de carretera,  en un país donde escasean los buenos libros sobre la materia y donde las editoriales muestran su indiferencia o desinterés por el tema, he tenido la ocasión de leer dos títulos incluidos en la Colección Leyenda, adquiridos a través de Libros de Ruta

El primero de los dos fue Inventando el ciclismo. Charles Terront y la primera París-Brest-París
Tras una ilustrativa introducción del propio Bernat López, en la que desarrolla un revelador retrato de los tiempos en los que ciclismo se convirtió en deporte de masas, entramos de lleno en las memorias de Charles Terront, famoso corredor profesional del último cuarto del siglo XIX y ganador en 1891 de la primera edición de la mítica carrera de larga distancia, promovida por el diario Le Petit Journal de París para aumentar las ventas y que puede considerarse el primer gran acontecimiento ciclista de seguimiento masivo. 
En 1893 se publica la edición original de las memorias de Charles Terront, narradas por él y revisadas y ordenadas por Louis Baudry de Saunier, celebre escritor y periodista de la época. Era la primera vez que la vida de de un deportista se reflejaba en un libro. Lo que en él nos cuentan transcurre entre 1857, año de su nacimiento, y 1891. Años que  pueden considerarse como la prehistoria del ciclismo y en los que Terront competía en las dos modalidades que entonces imperaban, las carreras en pista, por entonces las más populares, y las de fondo o larga distancia. 
Con un estilo sencillo y elemental nos va contando su trayectoria a lo largo de esos años, sus inicios, las primeras carreras, las pruebas de Seis Días, donde los ciclistas se pasaban pedaleando seis días corridos, con solamente breves paradas para dormir y recibir masajes; sus viajes a Inglaterra y Estados Unidos, las carreras de ciclistas contra caballos, etc. 

A Terront le toco vivir una época de innovaciones técnicas fundamentales y experimentó el paso del biciclo a la bicicleta y la aparición del neumático. Los biciclos de rueda alta suponían una desventaja para Terront por su corta estatura, él montaba máquinas con rueda delantera de 1,35 m. de diámetro, mientras muchos de sus rivales podían montar máquinas de 1,40 o más. La bicicleta supuso más igualdad de condiciones y en 1889 comenzó a usarla. En la París-Brest-París corrió con una bicicleta de la marca inglesa Humber, que pesaba más de 2o  kilos, equipada con neumáticos Michelin.


Mañana salimos.  Sugerente y entusiasta título del segundo de los libros de Cultura Ciclista. Escrito por Jean Bobet hermano menor del gran Louison Bobet, el primer corredor en ganar tres años consecutivos el Tour de Francia, por sus páginas transcurre una época mítica contada por un excelente narrador, que fue un ciclista atípico (intelectual con gafas) apodado Le Professeur,  pero también de lo buenos, Campeón del Mundo Universitario (1949 y 1950) y vencedor de la Paris-Niza en 1955, además de compañero de equipo de Louison en algunos de sus Tours victoriosos.
Su condición de licenciado universitario y su sensibilidad le convirtieron en un observador privilegiado de un periodo conocido como la Edad de Oro del ciclismo, dominado por lo que el autor denomina el G4, el grupo formado por Fausto Coppi, los suizos Ferdi Kübler, Hugo Koblet y Louison Bobet. Entre 1949 y 1955 el G4 se apropió en exclusiva del Tour (Coppi, 1949 y 1952, Kübler, 1950; Koblet, 1951, Bobet 1953, 1954 y 1955). Además del maillot amarillo, el maillot arcoiris de campeón del mundo había pasado de las espaldas de Kübler (1951) a las de Coppi (1952) y a las de Bobet (1953). También se fueron turnando en la victoria en los 5 Monumentos: Milán-San Remo (1907); Tour de Flandes (1913); París-Roubaix (1896); Lieja-Bastoña-Lieja (1892); Giro de Lombardía (1905). Entre paréntesis el año de la primera edición de cada prueba.
Hay en la obra capítulos destacados, como los dedicados al Raymond Le Bert (fisioterapeuta y entrenador personal) y a la Paris-Roubaix.
Además el autor no olvida reseñar la época del llamado dopaje químico, (pastillas, anfetaminas) utilizado para mejorar el redimiento, inaugurando el llamado dóping deportivo. Nombres como Nencini, Anquetil, Rivière, Simpson, salpican las páginas del capítulo dedicado al dopaje.

Jean Bobet ser retiró del ciclismo a los 28 años, tras diez años (1949-1959) de carrera profesional, iniciandose inmediantamente en un nuevo oficio, tras aceptar la invitación de Jacques Godet, director de L'Equipe, de convertise en periodista.

Además se consagró a la gestión de los centros de talasoterapia creados por su hermano, del que más adelante escribiría, entre otros libros, una excelente biografía.


14 junio 2013

Mejorando la 96er

En el proceso de mantener y mejorar una bici tenemos que ir renovando los componentes que van llegando al final de su vida útil. Después de que en los últimos tiempos padeciera los ruidos que emitia la 96er me puse a buscar cual sería la causa de los mismos entre las piezas que componen el sistema de transmisión. Una vez efectuado el cambio de bielas y platos y del eje pedalier aquellos han desaparecido. 
Las bielas y platos Shimano Deore LX FC-569 tenían ya sus años pero daban buen servicio, no así el eje pedalier de cuadradillo que, aunque sin holguras, era el foco de los ruidos, porque tras probar con otras bielas y platos no desaparecían y solo lo ha hecho cuando hemos instalado un nuevo Shimano Deore Hollowtech FC-M590.
En las fotos de abajo podeis ver las herramientas que son necesarias para el desmontaje de uno y para el montaje del otro y también las diferencias que existen entre dos Deore, con más de diez años entre ellos, y la evolución que ha tenido el diseño y fabricación de estos componentes. El cambio más significativo está en el eje, un cartucho sellado para el FC-569. En el FC-M590 encontramos un eje hueco integrado con la biela derecha y un juego de cazoletas.


Shimano Deore LX FC-569 y herramientas para desmontarlo

Herramientas y Shimano Deore Hollowtech FC-590 (175 mm - 22/32/44)
La nuevas bielas y platos montados
También he cambiado el manillar y la potencia. Con el primero he buscado gobernar mejor la rueda de 29", ahora llevo un GIANT Connect, plano de 620 mm. Y respecto a la potencia he instalando una Race Face Ride ((70 mm / +6º) algo más larga que la anterior.

El "engendro" 96er (69er) en la actualidad. 
 La buena aceleración es una sus cualidades más apreciables.

10 junio 2013

Del Baixo Alentejo al Baixo Guadiana

Preparadas para un largo recorrido
Una bici de carreras, la Scott Addict de JO, que también tiene su lado turístico
Pequeno almoço en el Snack-Bar Império, Almodôvar


Alcoutim, 3er avituallamiento
Barcos , Sanlúcar de Guadiana y Castillo de San Marcos

                JO y JA esperando el barco, en primer plano el monumento al contrabandista 

 

 La tercera etapa, la más larga del viaje, nos llevó desde Almodôvar a Bellavista, con un recorrido de 134 Km. y un tiempo de 6:10 sobre la bicicleta, a una velocidad media de 21,8 Km./h.
Después del desayuno en el Bar Império de Almodôvar, en cuyas paredes cuelgan muchas fotos de ciclismo, iniciamos la jornada por la carretera en dirección a Faro, con bonitas vistas por ambos márgenes. Pronto llegamos a Dogueno y allí tomamos la dirección para Santa Cruz y Martim Longo, por una carretera más estrecha pero también rodeada de un paisaje atrayente. Una vez pasada la aldea de Santa Cruz iniciamos la bajada hasta la Ribeira do Vascão. Cruzamos el puente y entramos en el Algarve por en  concelho de Alcoutim. Ascendemos montes despoblados por solitarias carreteras, pasamos por Pesseguerio y llegamos a Martim Longo con ganas de descansar y tomar algo.
Después del café nos encaminamos hacia Pereiro, esta vez el viento sopla de cola y el rodar es más fácil. En este tramo acompaño a JO, que se sobrepone al dolor en su talón de Aquiles derecho. Por delante, JA y JT, pone un ritmo más elevado y por momentos se pierden en la lejanía. Cuando nos acercamos a Alcoutim nos hemos agrupado y decidimos parar para hacer el 3er avituallamiento del día. Allí nos encontramos con el amigo Fernando Dias, de la Associaçao BTT Baixo Guadiana, que preparan en el muelle un avituallamiento para recibir a los participantes en el Raid de Minas de São Domingos a VRSA.
Cruzamos en barco el río y pocos kilómetros después de Sanlucar de Guadiana, en la carretera hacia San Silvestre de Guzmán, nos enfrentamos una de las subidas más duras de todo el recorrido. En su tramo de mayor porcentaje  tuve duda de si podría superarla pero, no sin sufrimiento, acabé por alcanzar la cima.
El resto de la distancia hasta San Silvestre me lo tome con calma, rodando a cola del grupo. El cielo se iba nublando cuando paramos en  un bar de San Silvestre de Guzmán para el almuerzo, que solventamos con unas tapas y montaditos de presa.
El tramo de San Silvestre a Villablanca fue lo más parecido a rodar debajo de una ducha gigante, 10 Km. difíciles, con fuerte viento lateral y bajo una intensa lluvia que nos empapaba completamente, provocando que el grupo se disgregara, porque ir a rueda suponía recibir aún más agua de la que caía inmisericorde.
De Villablanca a Lepe mejoraron las condiciones y rodamos agrupados, con el viento más a nuestro favor. Pasamos por Lepe y Cartaya y continuamos hasta Aljaraque y a media tarde llegamos a Bellavista. Allí JA decide hacer en bici los kilómetros que le separan de su casa en La Rábida, alargando asi su etapa hasta los 150 Km. ¡Ole tus cuadriceps!
, con el castillo de San Marcos

06 junio 2013

Toca rodar contra Eolo

El grupo en las escadas da Igreja de São Salvador, Serpa
Antiguo apeadero de la línea férrea llamada Ramal de Moura
Puente sobre el Guadiana, entre Serpa y Beja, del Ramal de Moura, cerrado en 1990
Torre del homenaje, coronada con merlones piramidales, Castillo de Beja


Queijadas de Serpa
Almorzando en bar del supermercado Intermarché de Aljustrel

Detalle del monumento al zapatero en Almodôvar
Toka Rolar, grupo ciclodeportivo de Almodôvar
Pizza siciliana

En la segunda etapa viajamos desde Serpa, pasando por Beja, Aljustrel y Castro Verde, para acabar la jornada en Almodovar. El recorrido fue de 110 km, tiempo en movimiento 5:20, para una media de 20,7 km/h. 
Después de desayunar en Residencial Beatriz nos hacemos una foto en las escaleras de la contígua Iglesia de S. Salvador, callejeamos por Serpa hasta dar con la salida para la carretera hacia Beja, que en su primera parte contaba con un buen arcén para evitar el tráfico. Paramos en el puente que salva el Guadiana y hago fotos de la abandonada vía ferrea llamada Ramal de Moura (apeadero y puente).
Continuamos hacia Beja con viento frontal y cuando llegamos a la capital del Baixo Alentejo subimos por sus adoquinadas calles hasta el Castillo, en cuyos alrededores había un mercadillo. Después vamos hacie el centro comercial y en una popular cafetería degustamos  algunos de sus afamados dulces.
Tras el avituallamiento volvemos a la lucha contra el viento. Al poco de dejar Beja encontramos el cartel de las ruinas romanas de Pissões, pero desistimos visitarlas cuando vemos que el trayecto es por tierra y si la distancia será poca o mucha. Durante muchos kilómetros la ruta se ciñe al esfuerzo contra el viento, hasta que me llega  un momento de crísis, física y mental,  levanto el pie, subo un piñón y pierdo rueda con mis compañeros, que siguen machacando inclementemente los pedales. Necesito poner un poco de pausa, aminorar la marcha, pedalear más lentamente. Creo que el cicloturismo debe acercarse a conceptos como devagar o al movimiento slow y dejar de lado su componente más deportivo.

Ligeros chubascos camino de Aljustrel, donde llegamos a la hora de comer y decidimos parar en el supermercado Intermarché, en cuyo bar almorzamos. 
La ruta continúa después hacia el S y el viento pasa a entrarnos d de costado. Cuando alcanzamos Castro Verde paramos a tomar un cafe y a la salida del pueblo visitamos el interesante Museo da Lucerna.
A media tarde llegamos por fin a Almodôvar, con la desagradable sorpresa que no había reserva en el hotel Serafim, en contra de lo esperado. Entonces la señora que atiende la recepción nos ofrece una alternativa, no se si con la intención de ayudarnos o por afán acaparador, y nos lleva hasta un apartamento sucio y destartalado, que no nos convencen. Buscamos otras alternativas de alojamiento y tenemos éxito con una pregunta que JT le hace una chica, sus indicaciones nos llevan a los apartamentos turísticos Camões, muy amplios y limpios, y allí nos quedamos.
La cena en O Forno no defraufó y enzalzamos el vino tinto alentejano (Monte das Servas) y las sabrosas pizzas (siciliana y hawaiana).