Una buena jornada de cicloturismo con Javier. Teníamos pendiente actualizar el recorrido AYAMONTE-BELLAVISTA, de cara a la última etapa de la N2. Así que quedamos para hacerlo hoy, aunque las previsiones meteorológicas eran desfavorables, lluvias a lo largo de la mañana, no nos arredraron, decididos a confiar en la buena suerte, partimos equipados de chubasqueros y no ha caído una sola gota de lluvia en todo el día.
Hicimos la primera parada en el Bar Consolación de Cartaya, donde Javier desayunó y yo tomo café con leche. Continuamos hacia el Oeste por lo que en su día fue la vía verde del litoral. Primera infraestructura de ese tipo que se construyó en Huelva y que por falta de interés y de civismo no pasó mucho tiempo en dejar de tener las condiciones necesarias para ser considerada vía verde. A pesar de todo fue, en buena parte, e itinerario elegido para llegar a la orilla del Guadiana.
El tramo de riesgo más señalado de esta vía, a la que se le puede llamar verde, en todo caso negra o marrón, es el puente de La Tavirona, sobre el río Piedras, que presenta un estado lamentable de abandono. En vez de acometer su reparación lo que hicieron fue colocar señales de prohibición en los dos lados, como la que se observa abajo.
Las vallas metálicas que impedían el paso al puente están cortadas y por su lado Sur pudimos atravesarlo andando. Pasamos por Lepe y La Redondela y desde allí fuimos a visitar el Palomar de Huerta Noble (S. XVIII) que Javier no conocía.
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las bicis en la puerta del palomar
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| calle central del palomar |
Después de ver el palomar nos reincorporamos al trayecto previsto hacia Ayamonte, pasando por Pozo del Camino, a partir de donde tratamos de seguir el trazado de la vía verde, aunque pronto tenemos que volver atrás al encontrar un gran charco que la ocupaba entera. Un poco más adelante encontramos el tramo que se ha conservado mejor y por el que es habitual cruzarse con cicloturistas, el que transcurre desde el Molino Mareal, atravesando las Marismas de Isla Cristina en dirección W hasta entrar en Ayamonte. Atravesamos el pueblo en dirección la orilla del Guadiana, frente al muelle de los ferry está la taquilla y allí tratamos de averiguar si en abril los horarios se actualizaran y el taquillero nos dice que lo más probable es que añadan uno a las 19 horas para el trayecto VRSA-AYAMONTE.
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muelle de Ayamonte, Guadiana y al fondo Castro Marim
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Después nos vamos a comer al Tabanco La Peñita en la calle Lusitania. Tomamos tapa de patatas aliñadas y tabla mixta de quesos y embutidos, con dos cervezas sin alcohol y una copa de tinto.
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| patatas aliñadas |
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| tabla mixta |
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| la buena vida de los jubilados |
Un poco más tarde al pasamos frente a la pastelería La Flor de la Canela nos dirigimos a ella; allí elaboran la rica coca de almendra ayamontina y nosotros pedimos dos porciones y dos manchados para rematar la faena gastronómica del día.
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| Cocas en el mostrador |
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Laguna del Prado
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Contado con las energías que nos daban los alimentos ingeridos y con una ligera brisa favorable pronto llegábamos a Pozo del Camino, abandonamos la HU-3300, con tráfico y cunetas muy sucias para entrar en un tramo de l vía verde que nos lleva a la Laguna del Prado, que contaba con abundante avifauna, vemos flamencos y bastante patos. Poco antes hablo pregunto a un tipo que pasea con dos perros, como está el tramo de la vía que viene del Pozo del Camino y contesta que está bien (habrá que comprobarlo).
Estábamos muy cerca de La Redondela, desde donde seguimos la carreterita (bien de asfalto pero con mucha basura en sus bordes) en dirección Lepe y repetir el camino de vuelta hasta Cartaya. Para el regreso hacia Aljaraque optamos por un trayecto que nos llevase a pasar por el pueblo y rodar por su cornisa* para admirar el amplio paisaje que desde ella se aprecia, Marismas del Odiel y Huelva.
* El topónimo Aljaraque proviene del árabe Al Xarat, que significa "colina" o "cornisa". El pueblo se sitúa sobre una elevación que domina el entorno.
Y con la satisfacción del trabajo realizado llegamos a Bellavista alrededor de las 17:30 horas, con casi cien kilómetros en los cuerpos cansados.