19 julio 2009

lecturas recientes

Estas fueron mis últimas lecturas, de libros que no compré y que me llegaron por recomendación de amigos o familiares. Gracias.

Los puentes de Madison County
Me había gustado mucho la película que en 1995 realizó Clint Eastwood basada en esta novela, y que contó con con Meryl Streep y el mismo como protagonistas principales. Así que abrí el libro con especial interés y cuando lo acabé sentí que me había gustado tanto como la película.

Los puentes de Madison County narra la historia de Francesa, una mujer de origen italiano, que vive en una granja del Condado de Madison, Iowa, y de Robert Kincaid, fotógrafo de National Geographic que está recorriendo la zona para realizar un reportaje fotográfico sobre los puentes cubiertos de la zona. La novela aunque se presenta como una historia real es en realidad una ficción. El autor ha declarado que hay grandes similitudes entre el personaje y él mismo. La novela es uno de los libros de más éxito del siglo XX, con 50 millones de copias vendidas en todo el mundo y fue la primera novela publicada de Robert James Waller, novelista estadounidense nacido en Rockford, Iowa, en 1939, también conocido por sus facetas de fotógrafo y músico.

El hijo del acordeonista (2003) Bernardo Atxaga (Asteazu, Guipúzcoa, 1951)
"...una historia de amistades, afectos y traiciones, de amor y de muerte".
Publicada por Alfaguara, la versión en castellano de la novela, traducida por el propio Atxaga y por su mujer, Asun Garikano, estuvo precedida del gran éxito que tuvo en euskera, mereciendo el Premio de la Crítica en lengua vasca (concedido por la Asociación Española de Críticos Literarios) y el Euskadi de novela, y ha sido también seleccionada para el Premio Nacional de Narrativa.

La novela refleja el tránsito de un mundo antiguo a uno moderno, "igual de cruel o más que el primero", un mundo que comenzó en el siglo XIX y que se está disolviendo. Todo ello envuelto en el tono "melancólico, elegíaco y tranquilo" que ha escogido el escritor para contar una historia que retrata la posguerra y el final del franquismo, y que a veces retrocede hasta la República y la guerra civil.
Protagonizada por David, el hijo del acordeonista, y por su amigo Joseba, la novela refleja las andanzas de unos personajes "rescatados de sus propios infiernos" y transcurre en escenarios tan distantes como Obaba y el rancho Stoneham, en Three Rivers, California, en el que David encontró la paz tras sus años como activista de ETA y donde murió en 1999.
David deja como testamento un libro en euskera con su vida. Su amigo Joseba decide reescribirlo y así surge 'El hijo del acordeonista'.
Bernardo Atxaga rinde homenaje en esta novela a la lengua vasca y convierte "la relación de los personajes con la lengua, con las palabras, en un tema más del libro". Muestra también cierta preocupación por el futuro que le pueda esperar al idioma que aprendió de niño, aunque no sólo a él porque "cuando uno coge el diccionario de María Moliner, ve que de cada veinte palabras hay ocho como mínimo que ya no se utilizan".

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Cuando acabé esta extensa novela, empecé un libro pequeño La dama de la furgoneta (2009) de Alan Bennet. La obra recoge una serie de artículos que Bennett publicó en 1989 en el London Review of Books, tras la muerte de Miss Shepherd, con el agregado de una posdata para la publicación en formato libro en donde cuenta el encuentro con el hermano de la anciana y la búsqueda de algunos datos biográficos más clarificantes.

Al principio no disfruté con su lectura y tuve intención de abandonarla, quizás porque la traducción no captaba bien el tono de los monólogos de Miss Sheperd, una anciana vagabunda que vivió durante quince años en su desvencijada furgoneta, aparcada en el pequeño jardin de la casa de Bennett, y porque tampoco captaba el peculiar sentido del humos del autor, pero finalmente no desistí y hacia el final del libro comprendí que había merecido la pena, porque como dice Rosa Montero en su articulo El excéntrico prudente y la dama harapienta ".....al mismo tiempo, con un respeto y un amor infinitos, con verdadera compasión, es decir, con una gloriosa capacidad para sentir empatía con ella, el escritor consigue hacer un retrato noble y atractivo de Miss Shepherd. Consigue celebrar la dignidad absoluta y esencial de una vida aparentemente indigna".

Y entre medias continué disfrutando con la lectura de la narrativa del gran maestro de Vigàta, en dos libros muy distintos, un nuevo caso de la serie de novelas protagonizadas por el comisario Montalbano La excursión a Tindari (2000) y otro especial por su lenguaje La concesión del teléfono (1999).
Una novela donde Camilleri hace gala de su maestría estilística alternando varios registros: el lenguaje burocrático de las cartas entre distintas autoridades, el siciliano informal, cálido y chistoso de las cartas entre amigos y el lenguaje coloquial chispeante de los diálogos para darnos una visión cómica, realista y amarga de la sociedad siciliana.

La historia se desarrolla en el imaginario pueblo siciliano de Vigàta en el año 1891. La solicitud de una línea telefónica, en esa época una auténtica novedad, por parte de Filippo “Pippo” Genuardi desencadenará una serie peripecias burocráticas, malentendidos y maniobras. El sinfín de trámites burocráticos, problemas y enredos a los que tiene que enfrentarse Pippo para lograr un teléfono es cómico, pero tiene también un significado más profundo. El autor proporciona un retrato de la sociedad siciliana de los primeros años de la unidad de Italia a través de chispeantes diálogos entre los diversos personajes, de las cartas entre los amigos de Pippo y los pomposos y altisonantes informes y documentos burocráticos.

13 julio 2009

Ferias no Sudoeste portugués

Repetimos vacaciones en la costa del sudoeste portugués, donde a primeros de julio disfrutamos de hermosos días de sol y viento y donde fue fácil encontrar tranquilidad y descanso.
















15 junio 2009

5. Barrancos-Estación FFCC Almonaster-Cortegana



















La mañana se presentaba limpia de nubes y se anunciaban altas temperaturas. Dimos una vuelta hasta la plaza de Barrancos y luego nos lanzamos por el descenso hacia el lado español. Al poco de entrar en la provincia de Huelva giramos a la izquierda para ir hacia Aroche y para empezar nos enfrentamos a una subida larga y con importante porcentaje. Faltan horas para el mediodía pero ya el sudor me baña la cara. Durante casi 30 km atravesamos las tierras de La Contienda, zona que durante siglos, por causa de los conflictos fronterizos, permaneció indivisa, repartiéndose el usufructo de su explotación compartida las villas de Aroche, Encinasola y Moura. Es un territorio bonito, prácticamente despoblado, por el que tenemos que superar varias sierras y que nos reserva para el final una de las mejores bajadas de todo el viaje, la que nos lleva hasta el puente sobre la Rivera del Chanza, a poca distancia de Aroche. En el bar El Canario hacemos un avituallamiento, tras el que reanudamos la marcha. Los 14 km hasta Cortegana son casi todos de subida constante, sin descansos y, acrecentados por el fuerte calor, fueron para mi de gran exigencia física y la parte más sufrida de todo el viaje. Mis compañeros me esperaban en la entrada del pueblo y ya reunidos buscamos donde saciar la sed y el hambre con cervezas y bocadillos de jamón . Luego, en un bar regentado por una señora búlgara, V. Kostadinova, tomamos café y helados y atravesamos el pueblo para salir hacia la estación de ferrocarril, donde han restaurado el edificio principal para convertirlo en un alojamiento rural, aunque el bar-restaurante ya no funciona. Esperamos el tren de las 16:46, que nos llevará hasta Huelva en poco menos de dos horas, punto final de una experiencia viajera para la que SI se necesitan alforjas.
Viaje con esencia ecológica, respetuoso y tranquilo, donde el tiempo importa menos que el espacio, en el que sientes que eres paisaje, por donde el recorrido se hace pedalada a pedalada, suavemente, esforzadamente, con los aromas campestres y con el viento y el cielo (sol, nubes, lluvia) como testigos de un movimiento sin rastro.

14 junio 2009

4. Évora-Barrancos


















































4ª etapa Évora-Barrancos

Tras un completo desayuno en el Ibis y la limpieza de las bicis con la manguera del aparcamiento del hotel, nos vamos a la estación de ferrocarril porque en el mapa había visto una vía férrea hasta Reguengos de Monzaraz y queríamos acortar la etapa, pero allí nos informan que no hay trenes. Dejamos las calles empedradas, que ya castigan el maltrecho trasero, y rodamos hacia el E durante 20 km, hasta el cruce de S. Manços, donde hacemos una primera parada. Después seguimos hacia Reguengos, bajando por buena carretera hasta cruzar el Río Degebe y después como la subida no es demasiado pronunciada no paramos hasta la Praça da Liberdade de Reguengos, el tiempo de tomar un bocadillo y descansar un poco. Seguimos por S. Pedro do Corval, el pueblo más alfarero de Portugal (según un gran cartel) como demuestran la cantidad de olarias que tiene a ambos lados de la carretera. Como gran parte del Alentejo que llevamos recorrido esta es también tierra de cereal, olivo y vid. En el horizonte se vislumbra el cerro sobre el que se encarama Monzaraz, pueblo que ha conservado intacta su fisonomía y el encanto de sus viejas casas encaladas. La subida desde Telherio no es demasiado dura y llegamos hasta la puerta de la muralla, desde donde admiramos el paisaje y la inmensa panorámica del embalse de Alqueva. Entramos en su calle principal, la Rua Direita, y el olor de la comida de un restaurante cercano nos invita a quedarnos, pero la cabeza nos dice que aún nos queda mucho trecho por recorrer.
Dejamos Monzaraz siguiendo los indicadores a Mourão y llegamos a la N256 que cruza el Guadiana por el largo puente sobre el barragem de Alqueva y después tomamos el desvío a la derecha y seguimos hasta el pueblo. Paramos ante el restaurante Pipas, con casi 73 km en el cuerpo. Le pregunto a una mujer que está sentada a la puerta y me dice que allí se come bien. Y la comida fue buena, carapaos (chicharros) con arroz, secreto, balacao, vino, melona y dulces.
Cuando salimos a la calle el calor pega fuerte. El trayecto que sigue transcurre por las riberas de las tierras del Gran Lago, denominación dada en Portugal al embalse de Alqueva, carreteras solitarias y con algunas sombras y en el que antes de llegar a un puente vemos muy de cerca a un meloncillo. Cuando llegamos a Amareleja vamos hasta un bar que hay en una esquina de la plaza, donde un grupo de hombre pasan el rato con el jogo de la malha, y nos hidratamos y alimentamos para los kilómetros venideros. La carretera es de menor importancia y el asfalto es peor, muy rugoso, y particularmente paso una crisis física poco después de superar los 100 km y de la que logro recuperarme cuando en la lejanía vemos Barrancos, meta de esta larga etapa. Cuando llegamos a la entrada del Hotel Agarrocha hemos recorrido 123 km, en 6 h. 10 min., con una velocidad media de 20 km/h.
Durante la cena, en la que incluimos un plato de presunto de porco preto, acordamos que al día siguiente llegaríamos a Huelva, pedaleando hasta la estación de ferrocarril de Almonaster-Cortegana para ir en tren hasta la capital. Las previsiones eran de altas temperaturas para los dos próximos días y no creiamos necesario alargar el viaje.